El movimiento estudiantil ante el 23O: riesgo y potencialidades

 
Oscar Blanco, Lucía Cayro y Víctor Valdés.

arton30056-a8dd4Ya hace años (incluso décadas) que la mayoría de jóvenes compartimos enormes dificultades para estudiar y trabajar dignamente. Además, la situación no sólo no mejora sino que empeora constantemente por la ofensiva contra los derechos de las de abajo, acentuada desde que empezó la crisis. Es evidente que la debilidad de las resistencias, con excepciones puntuales, hace que ni paremos los golpes ni seamos capaces de dar alguno.

Sin embargo, organizarse y plantar cara es la única opción para las precarias, para la mayoría social. La única y, a la vez, la más útil. La victoria de la Marea Blanca madrileña, que paralizó las privatizaciones sanitarias, y el derribo de Gallardón por parte del movimiento feminista y las mujeres movilizadas por el derecho al propio cuerpo son ejemplos de que luchar sí sirve.

En el mundo educativo y estudiantil, el movimiento contra la LOMCE fue derrotado porque consiguió visibilizar el rechazo a la ley pero no paralizar su aprobación. Eso ha provocado que las activistas que luchamos por una educación para todas y de todas estemos desmoralizadas, en general, y sea difícil impulsar grandes movilizaciones. De momento no hay nuevos ataques, aunque sepamos que el proceso de elitización y mercantilización de la Universidad va a seguir, y solo los lugares donde estamos más organizadas somos capaces de ganar derechos como el pago fraccionado de las matrículas y otras soluciones parciales. La próxima semana se ha planteado una nueva movilización educativa el 23 de octubre ¿Qué lecciones podemos sacar de las victorias que se han dado y de la derrota del movimiento educativo? ¿Cómo no repetir los mismos errores?

La convocatoria inicial del Sindicato de Estudiantes de huelga de 3 días reproduce los vicios de siempre: para empezar, no surge de un clima pro-movilización por abajo y tampoco plantea unos objetivos que realmente se puedan conseguir o de los que podamos estar más cerca después de la movilización. En esta ocasión, no tiene tampoco el apoyo del profesorado, más desorientado que el curso pasado.Si no tenemos claro esto, tenemos el riesgo de quemarnos viendo la enésima huelga que sólo consigue noticias en prensa y que no acumula potencial político. No obstante, es una fecha que puede generar cierta atención entre nuestras compañeras de clase, especialmente en los institutos, y que podemos aprovechar de formas diferentes en nuestro entorno inmediato.

Primero, en aquellos sitios donde ya existan sujetos políticos organizados en las universidades: la fecha nos puede servir para impulsar una movilización educativa construida desde la base y que nos permita organizar a más gente el día después de la huelga o de la manifestación. Si son universidades e institutos donde ya se han conseguido conquistas mediante la movilización, es hora de ir a por más conquistas. En cambio, si las movilizaciones de cursos pasados no han tenido recompensas lo más importante es ganar la posibilidad de tejer afinidades entre las estudiantes para impulsar procesos amplios de conflicto. Esto es fundamental para evidenciar a todas nuestras compañeras (y que vean y vivan en primera persona) que luchar sirve. Para conseguirlo la clave es potenciar la autoorganización y los objetivos concretos, enmarcando esta movilización en una campaña más larga en el tiempo.

Para potenciar la autoorganización hay que saber interpelar al estudiantado. Hacer visibles nuestros problemas comunes como jóvenes que sufren la precariedad dentro y fuera del centro de estudios. Una tarea pendiente es generar lazos sociales dentro de los institutos y la universidad. Hay que conseguir que para la mayoría no sean solo un espacio para estudiar y marcharse a casa, que sean también el lugar en el que nos organizamos y combatimos colectivamente por nuestra dignidad. Porque las facultades y los campus son de quien los vive y no de quien los pone en venta o recorta económicamente sus recursos.

En este marco, la movilización puede servir para organizar actos, acciones o manifestaciones conjuntas con el resto de la Comunidad Educativa en nuestro pueblo o ciudad: el profesorado de Universidad y secundaria, las trabajadoras de administración, las familias que rechazan la LOMCE… Generar espacios conjuntos con sindicatos y movimientos sociales que empiecen a debatir sobre la educación que necesitamos y queremos, pero con los pies en el suelo y planteando ganar pequeños objetivos aquí y ahora para reconstruir el movimiento. En conclusión, es una convocatoria que no tiene en cuenta la desmoralización que sufrimos ni hace apuestas claras de cómo recuperar la confianza. Pese a esto, entendemos que en un contexto de retrocesos sociales es necesario potenciar la organización de las estudiantes y utilizar la fecha en función de las posibilidades de cada territorio o universidad, siendo conscientes de sus limitaciones, para esto. No podemos caer en el desencanto. Hay que potenciar los vínculos entre las que sufren la crisis. Por esto, construir iniciativas que busquen una mejora de nuestras condiciones como jóvenes precarias se convierte hoy día en una tarea urgente.
 

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